¿De qué sirve maldecir la trascendencia?
¡Me cago en Dios! ¡se llevó a mi familiar!
¡Hay pobreza en el mundo maldito seas Dios!
Tantos años de casados y ahora se va con otro ¡Nos casamos en tu iglesia maldito seas Dios que te jodan!
¡Mi amigo se echó a la droga, hay pobreza en el mundo y guerras, maldito Dios!
Se supone que él es creador de hombres y mujeres, por ende, ¿creador indirecto de las desgracias de los mismos? ¡Qué amor tan grande el de maldecir a tu propio padre por la vida! ya que no acudes a otra cosa, acudes en un sentimiento de traición por la vida. Ya que no te esperas, que la vida sea contrarrestada con la muerte. Pero he ahí un gran deber del ser humano, aceptar la muerte como acepta la vida, reconocer que si se muere un ser, vaya o no vaya con Dios, la trascendencia, sea o no sea Dios en su concepto humano, la trascendencia no tiene que ver con la vida, ya que, si un familiar muere mañana pensaremos que es injusto y que la vida es injusta.
Asimismo, lo que hay tras toda esa ira contenida es esperanza. Quien maldice a Dios es porque confía en él y en el más allá, porque en el fondo cree que algún día se reencontrará con sus familiares, y porque de alguna manera lo toma como un chivo expiatorio que todo trasciende.
Pero la realidad es que, ese pensamiento racional sobre la injusticia es inherente a la inteligencia humana, al juicio y a la razón.

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