La educación viene de casa

Creo firmemente, de todo corazón, con toda seguridad y certeza, que, esta frase es el cáncer más grande del siglo XXI. "La educación viene de casa". Un mito plenamente clasista y conformista. La educación consta de recursos para educar, no solamente de materiales didácticos sino emocionales y de tradición, genética, hábitos e inteligencia.

Una casa en la que no existe la educación por diversos motivos, como puede ser, un hogar destruido con una familia desestructurada, con mayor facilidad no facilitará acceso a una educación en valores, moralidad y ética.

Esta reflexión corresponde a una mirada de amor altruista hacia los más desfavorecidos. Quedarse simplemente en "la educación viene de casa" es una muestra de desamparo empático que nada resuelve, ni nada quiere o pretende resolver. 

La segunda casa de cada individuo debería de ser la sociedad, la educación en la lectura, el pensamiento crítico, los valores, la comprensión, la toma de conciencia, la compasión al prójimo, las leyes, conocer los derechos y demás.

La educación es formada por todos y cada uno de nosotros, cuando sonreímos a una cajera en el supermercado y damos los buenos días con energía o nos preocupamos por una persona desconocida que se encuentra en mal estado en la calle, cuando mostramos la solicitud empática acompañada de seguridad para combatir la incertidumbre, inseguridad y miedo que pueda haber en otra persona que esté sufriendo. 

Una educación correcta es un trato en valores con los demás individuos, poniéndonos en la situación del prójimo. La educación verdadera va a constar de encontrar igualdad y formación conectando desde el corazón con bondad hacia las demás personas.


Combatir la incertidumbre ajena desde el corazón. 

Luchar la inseguridad de los otros con la seguridad y confianza.

Educar al prójimo predicando la buena conciencia sobre las cosas.

Reducir la diferencia entre clases en medida de lo posible. 


Es por todo esto y mucho más que tienen que cambiar tantísimas cosas, alejándonos y sin tener en cuenta las familias. Reflexionemos ¿Qué pasaría si la educación no viniera desde casa? Esto nos obliga a situarnos en la posición de cualquier otra persona. ¿Estaríamos solos en el mundo? NO ¡Claro que no! 

Seguiríamos teniéndonos los unos a los otros ¿Para qué sirven las instituciones educativas? Más allá que la calificación con las notas que evalúa a unos por encima de otros,  sesgando y etiquetando a quiénes no rinden. Tal y como decía L.Giussani, una educación verdadera consiste en una conexión desde el corazón entre el educador y el que es educado. 

Tantísimo que cambiar...


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