Hablo con la duda

 Al fin, tras largos años, volví al templo cristiano. Siempre tuve la espina religiosa clavada en el espíritu, una punzada intangible que no quiere irse de mi dorso espiritual. Cuando entro al recinto sagrado, contemplo en un silencio sepulcral, la altura de la cúpula de la iglesia de la avenida en la que resido en Varsovia. 

Vivo en la avenida de la liberación, o como bien se diría en polaco Aleja Wyzwolenia. El sábado, he podido comprobar que a las 11:00 am no hay prácticamente nadie en la iglesia. Cuando entré, salió casi al mismo tiempo una señora. 

Tuve todo el espacio que quisiera para elegir, así que, tomé asiento y me puse de rodillas sobre el poyete trasero del banco de delante, con las manos cruzadas, me dispuse a conversar con la duda. O en otras palabras, a mantener un diálogo interno con la idea arquetípica de Dios, a pedir a lo que fuera con mi mejor intención por mis seres queridos, por la gente a la que aprecio y a la que no tanto. Pedí por la mejora espiritual de todos y cada uno de mis allegados. 

No solo por la mejora espiritual del resto, sino por la benevolencia y la energía positiva con la que deseo que se encaminen los proyectos. Por el éxito de cada persona que me rodea. 

Aunque yo y mi forma de afrontar la vida estemos lejos de la vida monástica tradicional, creo que el ser humano posee su espíritu, como todo ser, pudiera poseer energía. La ambición espiritual no requiere necesariamente de estar ligada en su totalidad a la religiosidad tradicional e histórica o seguir alguna religión específica, a idolatrar o temer a una deidad. En absoluto, la verdadera espiritualidad hace libre al individuo en tanto que no debe a sí mismo o a los demás nada más que amor. Y amor expresado con numerosas y de diferentes buenas maneras. Un amor que nace de un deseo por hacer el bien, por uno y los otros. 

La ambición espiritual radica en la consecución de buenas acciones y de actuar con conciencia y verdadero amor hacia uno mismo y los demás. 

El ámbito de lo espiritual, es sinónimo de lo bondadoso. No existe un crecimiento del espíritu sin una madurez del lado benevolente y bondadoso de la vida. De ahí, un sinfín de valores humanos que cada individuo puede ir mejorando diariamente.

Al final esto se conecta a su vez, con la necesidad actual de la inteligencia emocional en las personas. Visto así, lo espiritual se encuentra, estrechamente relacionado a lo neuronal, va de la mano con la neurología y la ciencia. 

*Dios = duda

Bueno, puestos a este post de carácter religioso, me animo a compartir una canción de un anime bastante religioso (entiéndase religioso en este contexto como sinónimo de culto), que, vuelvo a recordar, el autor Yoshitoshi ABe, se basó en mi libro favorito de Murakami Haruki (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas) para la elaboración del contenido de la serie.




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