Reflexión sobre la percepción del presente

Vamos a tomarnos este blog nocturno con algo de filosofía que me ha inspirado este párrafo de la novela "Kafka en la orilla" del autor japonés, Haruki Murakami.

"El puro presente no es sino el fugitivo progreso del pasado royendo el futuro. A decir verdad, toda percepción ya es memoria".

Ello me inspira a reflexionar que la vida como tal, es lo que vamos elaborando. Es decir, las acciones que nos determinan conforman nuestro ser y lo que nos hace ser individuos que perciben su entorno a su manera. Independientemente de tener o no, una visión introspectiva más o menos generalizada del mundo. A todos nos determina lo mismo. Todos estamos sujetos, encadenados al transcurrir del tiempo y la conciencia.

Queramos o no, la vida se resume a un reloj abstracto e intangible, sumido en un sin fin de sucesiones de acciones en el tiempo.

3:56 AM. 05/05/2017.


Comentarios

  1. Supongo que ya sabes de sobra quien soy.
    También supongo que ya sabes de sobra por qué comento aquí y no en otro post.
    En relación a lo escrito, me gustaría aportar un poco a ello y a su vez enseñarte algo que creo te gustará:


    La realidad es un presente perpetuo.
    Presente, nada más que presente, las cosas son en su totalidad lo que parecen, y detrás de ellas, no hay nada.

    Yo me saco de la nada a la que aspiro; el odio, el asco de existir son otras tantas maneras de hacerme existir, de ahí la ironía y tragedia de ese paródico: existo porque pienso.

    Pero tengo miedo de lo que va a nacer, de lo que va a apoderarse e mí, ¿y arrastrarme a dónde?
    Siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer.

    Veo el encadenamiento riguroso delas circunstancias. He cruzado mares, he dejado atrás ciudades y he remontado ríos; me interné en las selvas buscando siempre nuevas ciudades. He tenido mujeres, he peleado con individuos, y nunca pude volver atrás, como no puede girar un disco al revés. ¿Y adónde me lleva todo aquello? A este instante, a esta banqueta, a esta burbuja de claridad rumorosa de música.

    Ya no veo nada; es inútil que hurgue en el pasado, sólo saco restos de imágenes y no sé muy bien lo que representan, ni si son recuerdos o ficciones.

    Sueño basándome en palabras. Construyo mis recuerdos con el presente.

    Algo comienza para terminar: la aventura no admite añadidos; sólo cobra sentido con su muerte. Hacia esta muerte, que acaso sea también la mía, me veo arrastrado irremisiblemente. Cada instante aparece para traer los siguientes. Me aferro a cada instante con toda el alma; sé que es único, irremplazable y, sin embargo, no movería un dedo para impedir su aniquilación. El último minuto que paso en brazos de una mujer conocida la antevíspera –minuto que amo apasionadamente, mujer que estoy a punto de amar- terminará, lo sé. Me inclino sobre cada segundo, trato de agotarlo; no dejo nada sin captar, sin fijar para siempre en mí, nada, ni la ternura fugitiva de esos hermosos ojos, y sin embargo, el minuto transcurre y no lo retengo; me gusta que pase.
    Y entonces de pronto algo se rompe. La aventura ha terminado, el tiempo recobra su blandura cotidiana. Ahora el fin y el comienzo son una sola cosa. Aceptaría revivirlo todo, en las mismas circunstancias. Pero una aventura no se empieza de nuevo ni se prolonga.

    Para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; ve a través de ellas todo lo que sucede, y trata de vivir su vida como si la contara.

    Nada ha cambiado y sin embargo todo existe de otra manera. No puedo describirlo; es como la Náusea y sin embargo es precisamente lo contrario: al fin me sucede una aventura, y cuando me interrogo veo que me sucede que yo soy yo y estoy aquí; me siento feliz como un héroe de novela.

    El pasado es un lujo de propietario. Un hombre sólo, con su cuerpo, no puede detener recuerdos; le pasan a través. No debería quejarme: sólo quise ser libre.
    Yo no tenía derecho a existir. Había aparecido por casualidad, existía como una piedra. Mi vida crecía en todas direcciones.

    ¿No sería yo simplemente una apariencia?






    Y esto, amigo mío es la mezcla entre la poesía (el arte) y la filosofía (el orden).
    Así que si te ha gustado, es un fragmento del libro "La náusea" de Jean Paul Sartre. Un gran filósofo contemporáneo.

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    Respuestas
    1. ¡Buah! me ha encantado sí señor, creo que es acertado no solo para expresar una opinión con respecto al post reflexivo sobre la cita de Murakami. Sino que, indaga mucho más allá en un trasfondo de lo que es el hombre.
      Gracias :>

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